Las redes sociales son el papel couché de nuestros días, especialmente las destinadas a publicar imágenes y observar, admirar o detestar las del resto. Manido es recordar el ejemplo de los desayunos saludables de aguacate, semillas y pan integral que tantos perfiles e historias protagonizan, pero sirve muy bien para el caso: en estos lares, obviamente, se muestra lo que se quiere ser, no lo que se es o, al menos, no siempre, y es que, uno va por la vida con las prisas, ya no sé si puestas o autoimpuestas, y no suele dedicarle tanto mimo a la primera comida del día, pero, si alguna vez sucede, foto al canto, y que parezca robada.
Si la red de las fotos fuera el Hola, la realeza serían la belleza y los nuevos cánones de esta, o eso dice mi algoritmo, que tampoco voy a declararme inocente. Apenas quedan labios ni glúteos sin relleno, frentes sin bótox, pechos sin silicona, abdómenes sin definir y me parece inocente incluir uñas que no lleven gel permanente. Pero es que ni allí, ni aquí, en la vida real.
Mi querido peluquero lleva años queriendo eliminar mi flequillo, pero yo le insisto en que es el bótox de los humildes, es decir, atrapada me hallo en la batalla contra las arrugas y si no sucumbí a la aguja fue por una mezcla de aprensión y lucha contra la imposición. Algo así como cuando mi pequeña me pregunta qué hago con la brocha y me cuesta ser sincera y decirle que es para verme más guapa, mientras le repito casi a diario que todo el mundo es precioso tal como es. Así, siendo parte de la dicotomía, me pregunto si no hemos retrocedido décadas en unos pocos años. No puede ser más humano desear lo que vemos, pero ha llegado a un punto el ideal perseguido que además de un poquito de insensatez hace falta un buen bolsillo para alcanzarlo. Y una cosa es destrozarse quincenalmente las uñas con químicos para conseguir la manicura perfecta pero económica, que ya veremos también dónde conduce ese asunto, y otra meterse en una trastienda a que le abran las entrañas de par en par como en la clínica de Carabanchel, donde lo único que no han aclarado las imágenes de la Policía es si era mayor la ignorancia de unos o la avaricia de otros.