Siempre se han planteado las rebajas después de épocas de mucho consumo para dar salida al resto de stock que queda en los almacenes de las tiendas. Los nuevos hábitos creados por un comercio cada vez más agresivo hace que surjan los Black Friday (imperialismo lingüístico), los días sin IVA, o múltiples procedimientos de un marketing que intenta hacer que el consumidor se gaste lo poco o mucho que tenga. Últimamente, el mundo de las rebajas ha llegado también a la política española, se compra y se vende todo, o casi todo, a cambio de conseguir cubrir unos objetivos de partido. ¿Qué hay que condonar la deuda a la Generalitat? El Estado la asume y así la pagamos todos. Y para que parezca más asequible a la mentalidad del ciudadano, se asume parte de la deuda de las demás Comunidades Autónomas. Da igual que el origen de dicha deuda se deba a una mejor o peor gestión, o incluso que los gastos asumidos por los dineros públicos de alguna Comunidad hayan sido considerados, por fallo judicial, como motivo de prevaricación, eso se arregla con la Amnistía, o con una interpretación laxa por parte del Tribunal Constitucional. Y siguen las rebajas, cómo no.
Ahora se trata de vender, incluso de regalar, parte del Estado. ¿Qué la Constitución marca algunos servicios cómo competencia exclusiva del Estado? No pasa nada, se 'delega' y punto. Igual da que en el texto del acuerdo que se firma para ello se emita un tufillo de xenofobia, o que, incluso la otra parte contratante, en un manifiesto delirio de sinceridad, diga claramente que quieren asumir determinadas competencias para decidir quién puede residir en Cataluña y quién no. ¿No estamos en un Estado de Derecho en el que todos los españoles somos iguales ante la Ley? Pues tranquilamente lo cuestionamos sin que se nos caiga la cara de vergüenza. Es increíble que prosperen los personajes que la vida pública actual nos muestra.
Ayer hablábamos de Trump, pero tenemos en casa a un Puigdemont al que se le hace la ola sin problema alguno. Que lo vamos a hacer, el poder es el poder y con tal de mantenerlo se puede dejar la ética, la Ley y la vergüenza aparcada. Pero al menos podremos decir que nos enteramos de la tomadura de pelo. ¿O no?