Antonio Herraiz

DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


El pajaporte no es la solución

05/07/2024

No falla: a problemas complejos, soluciones simplistas. Es marca de la casa de los populismos, tanto de derechas como de izquierdas, que suelen beber de la misma fuente. En España gastamos un Gobierno que ya desde sus inicios más tempraneros se convirtió en el mejor vende peines para calvos, lo que no le ha evitado tener un amplio número de seguidores esperanzados en que algún día puedan usar esa herramienta básica para adecentar la cabellera. Siempre nos quedará Turquía o, para los que tengan más posibles, las clínicas de Cristiano. 
La barra libre que tienen los menores de edad para acceder a la pornografía y demás contenidos para adultos hace años que se ha convertido en un reto que conviene afrontar cuanto antes. Al Ministerio de Transición Digital se le ha ocurrido un mecanismo de control con muy pocas garantías de que realmente sirva para atajar el problema. Ha sido objeto de memes de todo tipo, con el pajaporte como definición más repetida, lo que lleva al sanchismo a reírse en la cara de quienes emplean el tiempo en el chiste fácil: mientras están entretenidos con la chanza, les colamos todo tipo de tropelías, como la amnistía encubierta del Tribunal Constitucional a varios condenados por el escándalo de los ERE de Andalucía. 
Los expertos informáticos se han encargado de destapar todos los agujeros por los que bordear el bono-porno que pretende implantar el Gobierno. Fundamentalmente llegan a una conclusión: no garantiza que los menores puedan seguir accediendo a ese contenido pornográfico. Es tan ineficaz como inservible y, lo que es peor, nos advierten de que la identificación del usuario mediante ese pasaporte digital puede ser el paso obligado para acceder a determinadas páginas webs de contenido político. La lucha contra los pseudomedios y el fango, ya saben. Si controlo el acceso a la información supuestamente sensible de los más jóvenes, estaré manipulando y haciendo más amplio el club de las masas cretinizadas -en la terminología de Juan Manuel de Prada- para que los futuros votantes no duden a quién tienen que apoyar en próximas contiendas electorales. 
El acceso cada vez más temprano al porno tiene consecuencias muy graves. La distorsión de la conducta afectiva-sexual está detrás de violaciones y episodios de abusos graves contra las mujeres, en los que los atacantes tratan de llevar a la realidad lo que se han hartado de ver en las pantallas. No es la única explicación, a la que habría que añadir el machismo imperante en sociedades y religiones cada vez más presentes en España y en el conjunto de Europa.
Lo de introducir barreras en las pantallas tiene que hacerse garantizando la intimidad y la seguridad de los usuarios. Para eso, cualquier administración -en este caso el Gobierno central es el que debe manejar la batuta- tiene que contar con la colaboración imprescindible de las principales plataformas tecnológicas. En ese grupo tan indefinido hay empresas que ganan mucho dinero por el acceso de los menores a las páginas porno, en las que se incluyen -además de los vídeos- otros contenidos que generan cuantiosos beneficios. A todo esto, hay que añadir la responsabilidad de los padres, que deberíamos ser los primeros en prevenir el uso responsable de los dispositivos a los que acceden nuestros hijos. Al igual que no dejamos solos a nuestros menores por la calle a determinadas horas, no parece sensato que pasen buena parte del día frente a una pantalla sin saber lo que están viendo, por mucha tranquilidad que nos reporte mientras estamos a nuestras cosas.