Jorge Jaramillo

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Jorge Jaramillo


Proteccionismo frente al espejo

03/03/2025

El anuncio de Donald Trump de subir un 25 por ciento los aranceles para vehículos y «todas las cosas» que procedan de Europa, sigue siendo una amenaza tan imprecisa como previsible. Al menos, en la opinión pública, y también en el sector agroalimentario, empieza a generar una sensación de cierta somnolencia vistas las reacciones anteriores con México, por ejemplo, aunque nadie desdeñe definitivamente la idea.
Entretanto, la Unión Europea mantiene una posición extremadamente diplomática que va moldeando según el voltaje de los acontecimientos, como el último, televisado a conciencia, para humillar al mandatario ucraniano cuando estaba prevista la firma para la explotación de 'tierras raras' a cambio de mantener el apoyo que desembocará en un acuerdo de paz con Putin. 
La Comisión maneja así varias bazas comerciales que, visto el empeño proteccionista e interesado de Trump, podrían suavizar bastante el temido escenario. Y una de las principales apunta a los fertilizantes, al ser Estados Unidos un gran productor de abonos químicos, al igual que Rusia o Bielorrusia que, en este caso, están penalizados por Europa con una nueva subida que ha desatado la preocupación del sector agrario por temer otra espiral desbocada como la de hace tres años.
El último consejo de Ministros de Agricultura analizó el preocupante encarecimiento del gas y su traslación al mercado de los compuestos. De ahí que Luis Planas, coincidiendo con el tercer aniversario de la invasión 'ilegal' de Rusia en Ucrania, advirtiera de que no hay tiempo suficiente para 'ajustar oferta y demanda', aunque el plan sea acelerar la producción de alternativas para cubrir las necesidades comunitarias y reducir la dependencia de suministro de esos países.
 En esta línea, la asociación europea de industrias de fertilizantes ha avalado la imposición de aranceles porque aseguran que Rusia está exportando abonos a «precios artificialmente bajos» debido a sus menores costes y regulaciones ambientales laxas. Dicen en ANFFE que si esta situación continúa, podría generarse una «dependencia estructural, poniendo en peligro la independencia estratégica y la seguridad alimentaria de Europa», incide Paloma Pérez, su directora general en España.
El comisario de Agricultura y Alimentación, Christophe Hansen, es optimista con un posible trato con los Estados Unidos. Al final, «la pela es la pela», y el proteccionismo va de eso, como el propio Trump argumentó en sus primeras comparecencias. Tanto es así que dicha política, enfrentándola a un espejo, puede devolver a veces la otra imagen, la que impone la necesidad que debilita todos los principios.
 Así por ejemplo, el país de norteamericano tiene un serio problema con los huevos. Los elevados sacrificios de gallinas ponedoras por la gripe aviar han dejado los lineales sin producto. Y ahí -quien sabe- se abre otra puerta para negociar. De hecho, el departamento de Agricultura de los Estados Unidos ha aprobado un plan con 1.000 millones de dólares de presupuesto para recomponerse del golpe, y entre las medidas, contempla la apertura de las aduanas para que entren huevos de donde sea.
 Hasta ahora, países como el nuestro podían exportar huevo en polvo, pasteurizado y otros derivados, pero ahora necesitan huevos de cáscara. El problema es que esa demanda repentina también existe en Europa por una situación similar en Bélgica, en Polonia y en Italia. Y las gallinas no dan abasto.