Es curioso que en tiempos en los que las mujeres tenemos los mismos derechos que los hombres, cuando somos más en las universidades y no hay barrera que se nos resista, sea necesario reivindicar este 8 de marzo nuestra identidad, nuestra esencia.
Sí, porque hemos escalado en la sociedad ocupando el puesto que nos correspondía, me refiero al mundo occidental, claro, mientras han llegado gentes que han invadido espacios que nos costó mucho tiempo conquistar, con conceptos y palabrejas que no han contribuido más que a despreciar a las mujeres, a humillarlas y a desvirtuar un papel que les atribuye la bilogía. Eso de elles, ¿qué es? ¿Y lo de describirnos como seres gestantes o personas que menstrúan? ¿O defender los vientres de alquiler, bajo la excusa de que todo el mundo tiene derecho a ser padre? ¿Cómo? ¿De qué están hablando quienes convocan manifestaciones el 8 de marzo sumidas en la «rabia», así reza el comunicado de algún que otro grupo, o expresando su defensa de la diversidad, muy loable, sin pronunciar o sin escribir la palabra 'mujer'?
Aquí estamos nosotras para alzar la voz contra quienes arrasan en los deportes femeninos, pero son hombres. O para luchar contra esos que se han denominado «progresistas» y se han dedicado a expandir unas ideas que niegan una realidad, basadas en doctrinas absurdas y populistas, que no resisten ni un mero análisis científico. Y chocan radicalmente contra el sentido común, ese que se perdió cuando a un hombre se le dio la oportunidad de «sentirse mujer» porque sí. Porque lo decía una ministra, esa misma que facilitó que los agresores sexuales, varones, salieran a la calle antes de lo que marcaban sus condenas. Qué gran aportación al feminismo. Qué pesadilla.
Precisamente esa izquierda «rabiosa» que se manifiesta con eslóganes y un lenguaje falsamente inclusivo por bandera, la que excluye a quienes disienten y la que rechaza y «apedrea», lo pongo entrecomillas, a los grupos y colectivos con creencias diferentes, esa izquierda muy progresista, muy extrema y «orgullosa» de sus ideas, ha defendido y ha tapado a unos presuntos agresores sexuales, como Errejón y Monedero. Vaya farsantes, ¿no? ¿Les preocupaba más su poltrona, su «conquista» de las instituciones que defender a posibles víctimas de esta gentuza? Pues parece ser que sí. No he visto a ningún grupo de mujeres de las que se sitúan en la misma línea ideológica que esos supuestos depredadores echarse a la calle clamando por las víctimas. ¿O es que hay mujeres que pueden ser violentadas porque el señor que protagoniza el abuso es un progresista de toda la vida? ¿O ellas son fascistas porque denuncian? ¿Dónde quedó la sororidad que tanto han predicado?
Este 8 de Marzo llamo a reivindicar nuestro orgullo por ser mujeres, por tener los mismos derechos que los hombres, faltaría más, pero diferentes percepciones de la realidad. Porque somos únicas en nuestras diferencias. Va por nosotras, las mujeres.