Un conductor fugado pillado por la vocación de servicio

Galán
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Hoy el Juzgado de lo Penal 1 acoge el juicio por el atropello de una mujer en la avenida Río Guadarrama en el año 2019. La intervención de un policía municipal de Madrid fuera de servicio fue vital para dar con el conductor, que se dio a la fuga

Un conductor fugado pillado por la vocación de servicio - Foto: Y.L.

La noche de un viernes 8 de febrero de 2019 volverá a analizarse paso por paso hoy, cinco años y cuatro meses después. Cerca de las 22:30 horas de aquel día, un vehículo de color negro circulaba por la avenida Río Guadarrama, a la altura del número 36, en el barrio del Polígono, cuando de repente atropelló a una mujer que se disponía a cruzar por un paso de cebra. Pese a desplazarle varios metros tras el impacto con su vehículo, el conductor decidió en aquel momento continuar su marcha sin socorrer a la víctima, que fue trasladada al Hospital con varias fracturas que requerían de intervención quirúrgica. Varios testigos de los hechos ubicaron la huída del conductor en dirección Vía Tarpeya.

1.971 días después, el conductor -que fue detenido a los seis días del accidente- asistirá hoy al Juzgado de lo Penal número 1 de Toledo para celebrar el juicio por aquellos hechos, en los que se le imputa un delito de lesiones por imprudencia grave consistente en atropello de peatón con omisión del deber de socorro.

Sin embargo, lo que cinco años después se puede desvelar tiene que ver con la persona que facilitó la primera identificación del titular del vehículo implicado y, en consecuencia, su posterior detención.

Un conductor fugado pillado por la vocación de servicioUn conductor fugado pillado por la vocación de servicio - Foto: Y.L.Y es que un suceso de tales características en una ciudad como Toledo era más que previsible que se mediatizara. De hecho, en los días posteriores al atropello, la Policía Local de Toledo, a través de los canales del Ayuntamiento, solicitó colaboración ciudadana para dar con el autor de los hechos que se había dado a la fuga. Esto activó los sentidos de más de uno.

Tal y como expone el atestado policial de este accidente al que ha tenido acceso La Tribuna, el día 13 de febrero de 2019, es decir, cinco días después de los hechos, la emisora central de la Policía Local de Toledo recibe una llamada de una persona que se identifica como policía municipal de Madrid, informando de que en dicho preciso momento se encuentra en los accesos a un establecimiento comercial ubicado en la calle Río Jarama 19. El motivo de su llamada responde a que el presunto policía madrileño habría detectado la presencia de un vehículo en el entorno que podría estar implicado en el atropello al presentar daños muy compatibles con los que se había descrito en prensa.

Los agentes que se desplazaron hasta el lugar descrito por el agente madrileño fuera de servicio acabaron incautando el vehículo señalado al registrar que dicho automóvil presentaba una luna delantera diferente a las otras, «nueva a juicio de los agentes observantes»; que también presenta daños en la parrilla delantera, comprobando los agentes que faltaba una pieza y que coincide «de forma exacta» con una hallada por un testigo en el lugar del atropello; además de otros daños en el capó y en el techo en la parte inmediata a la luna que había sido renovada del vehículo.

El hallazgo de este vehículo -un Seat Ibiza de color negro- permitió identificar al conductor, puesto que se encontraba en el interior del establecimiento mencionado anteriormente desempeñando su jornada laboral.

El atestado recoge unas primeras declaraciones del propietario del vehículo a la llegada de los agentes en la que señala que esta persona «no sabe dar una explicación convincente de la aparición de estos restos en el lugar del atropello ni de las abolladuras que presenta su vehículo». También relata que había cambiado la luna hace un año en un accidente en el que no fue necesaria la intervención de la policía y relató que el día del atropello salió de trabajar a las 19:00 horas para «ir a tomar unas cervezas» a un bar del barrio marchándose a su casa sobre las 20:30 horas.

Gracias a la llamada realizada por el policía municipal de Madrid, los agentes locales tuvieron un hilo del que tirar, ya que incluso el atestado recoge las facturas del cambio de luna que el conductor habría hecho hace un año sin coincidir con la actual, renovada tras el incidente. De hecho, las pesquisas policiales también llegaron a conseguir la declaración de uno de los trabajadores del taller que había cambiado la última luna, alegando que el conductor le había dicho que se le había roto al recibir un balonazo. Asimismo, la investigación también reúne las declaraciones de testigos presentes en el bar al que acudió el identificado, así como del compañero con el que acudió.

Un trabajo policial que acabó con la detención del propietario de este Seat Ibiza negro un 14 de febrero de 2019. Cinco años y cuatro meses después, la historia se analizará en detalle, con la presencia incluida de la víctima, y con el fin de esclarecer si finalmente el detenido es o no el culpable de los hechos.